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Un robot que reparte caramelos revela una brecha en la comodidad humana
Un estudio sobre Biscee, un robot autónomo que reparte caramelos, encontró que los visitantes lo observaban más, tomaban más dulces y se sentían incómodos cuando se acercaba demasiado.

Imagen: TechXplore
Un robot de servicio autónomo que ofrecía caramelos atrajo más atención que una persona que servía en eventos públicos —y vació su bandeja más rápido. Crédito: Márta Gácsi / ELTE Eötvös Loránd University
Los visitantes mostraron más curiosidad que cautela con Biscee, un robot móvil no humanoide desarrollado por etólogos de ELTE Eötvös Loránd University y del Grupo de Investigación en Etología Comparada HUN-REN–ELTE. Los resultados, publicados en Computers in Human Behavior Reports, también sugieren que las personas pueden seguir reglas sociales diferentes al interactuar con un robot.
Los investigadores compararon a Biscee con una mujer joven que realizaba la misma tarea de servir caramelos en eventos públicos reales. El robot se desplazaba de forma autónoma entre la multitud, llevando dulces en una bandeja, mientras que la persona trabajaba en el mismo entorno.

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El robot atrajo la atención —y los caramelos
Los visitantes tenían más probabilidad de observar a Biscee que a la persona, pero no eran más propensos a alejarse de él. Los investigadores también observaron a personas señalando, saludando y tocando el robot, incluso cuando su bandeja estaba vacía. Eso sugiere que el interés lo provocaba el propio robot, y no solo los caramelos.
Los visitantes tenían más probabilidades de observar al robot que a la persona que servía. Sin embargo, a pesar de atraer más atención, el robot no hacía que la gente fuera más propensa a alejarse o evitarlo.
La bandeja de Biscee se vació más rápido en cada ensayo. La diferencia no se debió simplemente a que más personas se detuvieran junto al robot: los visitantes a menudo tomaban dos o más caramelos a la vez, algo que nunca hicieron con la persona. Los investigadores sugieren que la gente pudo haber sentido menos presión para seguir la norma social de tomar “solo uno” cuando el servidor era un robot.
Los resultados indican que incluso robots sociales relativamente simples pueden encargarse de tareas rutinarias de servicio en espacios públicos concurridos.
Crédito: Márta Gácsi / ELTE Eötvös Loránd University
La comodidad reportada no coincidió con el comportamiento observado
El equipo también preguntó a los visitantes cómo se sentían. Aunque la gente se apartaba de Biscee con la misma poca frecuencia que de la persona, algunos dijeron sentirse algo incómodos cuando el robot se acercaba mucho, describiéndolo como algo insistente o intrusivo.
Esta discrepancia subraya la importancia de combinar distintos métodos para evaluar con más profundidad las actitudes de los usuarios previstos hacia un robot social durante las etapas iniciales del desarrollo del agente.
Gácsi dijo que este paso a menudo falta, creando una brecha entre las preferencias de los usuarios y el agente robótico que se les presenta.
El estudio ofrece una visión del mundo real sobre la interacción humano-robot, pero los investigadores advierten contra asumir que la convivencia será fluida. Sostienen que serán necesarias investigaciones rigurosas a medida que los robots se vuelvan más comunes en los espacios públicos compartidos.
El artículo, “Tomar caramelos de un robot: Actitudes hacia un robot de servicio autónomo no humanoide en eventos de la vida real”, fue publicado en Computers in Human Behavior Reports en 2026. DOI: 10.1016/j.chbr.2026.101204.
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vía TechXplore


